Eje intestino-cerebro 101: cómo afecta tu microbioma a tu cerebro a medida que envejeces

El eje intestino-cerebro es una red de comunicación bidireccional que conecta el sistema nervioso entérico, el nervio vago, el sistema inmunológico y la microbiota intestinal con el sistema nervioso central. Las investigaciones en humanos muestran asociaciones entre la composición de la microbiota y el estado de ánimo, el rendimiento cognitivo y la neuroinflamación. A medida que la microbiota cambia con la edad, este eje se estudia cada vez más como un factor modificable en la longevidad cognitiva.

Puntos clave

  • El eje intestino-cerebro funciona a través de cuatro vías de comunicación documentadas: el nervio vago, la señalización inmunitaria a través de citocinas y lipopolisacáridos, la señalización enteroendocrina que involucra precursores de la serotonina y la producción de ácidos grasos de cadena corta (AGCC) por las bacterias intestinales.1
  • La diversidad del microbioma tiende a disminuir con la edad, y este cambio se asocia con un aumento de la inflamación sistémica y una reducción de la producción de metabolitos neuroprotectores.2
  • Un metaanálisis de 34 ensayos clínicos controlados reveló que los suplementos probióticos se asociaban con mejoras pequeñas pero estadísticamente significativas en los síntomas de depresión y ansiedad en comparación con el placebo.3
  • Un ensayo controlado aleatorio de Stanford descubrió que una dieta basada en alimentos fermentados durante 10 semanas aumentaba la diversidad microbiana intestinal y reducía 19 proteínas inflamatorias en adultos sanos, mientras que una dieta rica en fibra por sí sola no producía estos cambios en el mismo periodo de tiempo.4
  • Las investigaciones en seres humanos identifican sistemáticamente asociaciones entre la disbiosis de la microbiota intestinal y un mayor riesgo de deterioro cognitivo; los patrones alimentarios mediterráneos se encuentran entre los enfoques protectores más estudiados a través de vías mediadas por el intestino.5
  • Las alteraciones del sueño afectan negativamente a la función de barrera intestinal y a la composición microbiana, mientras que los precursores de la serotonina derivados del intestino desempeñan un papel en la regulación del sueño, creando una relación bidireccional entre la salud intestinal y la calidad del sueño.
  • Los enfoques basados en la evidencia que respaldan el eje intestino-cerebro incluyen aumentar la diversidad de fibra dietética, consumir regularmente alimentos fermentados, controlar el estrés psicológico, priorizar la calidad del sueño y limitar la ingesta de alimentos ultraprocesados.

Capítulo 1: Comprender el eje intestino-cerebro

El término «eje intestino-cerebro» describe un complejo sistema de comunicación bidireccional que conecta el tracto gastrointestinal, su comunidad microbiana residente y el cerebro. Esta conexión no es metafórica. Los investigadores han identificado múltiples vías estructurales y bioquímicas a través de las cuales las señales viajan continuamente en ambas direcciones entre el intestino y el sistema nervioso central.1

El intestino alberga aproximadamente 500 millones de neuronas, conocidas colectivamente como el sistema nervioso entérico. Esta red gobierna la función digestiva, pero también se comunica ampliamente con el cerebro a través del sistema nervioso autónomo. La microbiota intestinal, una comunidad de billones de microorganismos que habitan en el tracto gastrointestinal, se encuentra en el centro de este eje y produce metabolitos, precursores de neurotransmisores y compuestos inmunomoduladores que influyen en la función cerebral a lo largo de toda la vida.5

Desde el punto de vista de la longevidad, este eje recibe cada vez más atención por parte de los investigadores, ya que la microbiota cambia sustancialmente con la edad. La diversidad microbiana, ampliamente asociada con mejores resultados de salud, tiende a disminuir en los adultos mayores. Los cambios resultantes en la composición microbiana pueden contribuir a un aumento de la inflamación sistémica, una reducción de la producción de AGCC y una alteración de la disponibilidad de neurotransmisores, todo lo cual tiene relevancia posterior para el estado de ánimo, la función cognitiva y la resiliencia neurológica.2

Este artículo tiene fines exclusivamente educativos. Examina lo que revelan las investigaciones actuales en seres humanos sobre el eje intestino-cerebro, cómo cambia con el envejecimiento y qué enfoques dietéticos basados en la evidencia pueden ayudar a reforzarlo.

Capítulo 2: Las cuatro vías de comunicación del eje intestino-cerebro

Los investigadores han identificado cuatro vías principales a través de las cuales la microbiota intestinal se comunica con el cerebro. Comprender estas vías ayuda a aclarar por qué la salud intestinal se considera relevante para el bienestar cognitivo y psicológico.1

La vía del nervio vago

El nervio vago es el nervio craneal más largo del cuerpo, que va desde el tronco cerebral hasta el abdomen. Funciona como una vía neural primaria entre el intestino y el cerebro, transmitiendo información sensorial desde el entorno gastrointestinal al sistema nervioso central. Aproximadamente entre el 80 y el 90 % de las fibras del nervio vago son aferentes, lo que significa que transportan señales desde el intestino al cerebro y no al revés. Los microbios intestinales se comunican con el nervio vago a través de las células enteroendocrinas que recubren la pared intestinal. Estas células detectan los metabolitos microbianos y liberan moléculas de señalización que activan las neuronas vagales, lo que influye en el estado de ánimo, la saciedad y las respuestas al estrés.1

La vía de señalización inmunitaria

El intestino es el órgano inmunológico más grande del cuerpo y alberga aproximadamente el 70 % de las células inmunitarias del organismo. La microbiota intestinal desempeña un papel fundamental en la educación y calibración de las respuestas inmunitarias. Cuando se altera el equilibrio microbiano intestinal, un estado denominado disbiosis, la señalización inmunitaria puede desregularse. Las bacterias y sus componentes estructurales, incluidos los lipopolisacáridos (LPS), pueden traslocarse a través de una barrera intestinal comprometida a la circulación sistémica, lo que desencadena una inflamación de bajo grado. El aumento de las citocinas inflamatorias circulantes, como la interleucina-6 y el factor de necrosis tumoral alfa, puede influir en la barrera hematoencefálica, activando las células microgliales y contribuyendo a estados neuroinflamatorios asociados con el deterioro cognitivo y los trastornos del estado de ánimo.1,2

La vía de señalización enteroendocrina

Las células enterendocrinas producen una serie de moléculas de señalización en respuesta al contenido luminal, incluidos los precursores de la serotonina y los péptidos intestinales, como el péptido similar al glucagón tipo 1. Aproximadamente entre el 90 y el 95 % de la serotonina del cuerpo se sintetiza en el intestino. Las bacterias intestinales influyen en la disponibilidad del triptófano, el aminoácido de la dieta a partir del cual se produce la serotonina, a través del metabolismo competitivo y la actividad enzimática. Por lo tanto, los cambios en el microbioma pueden alterar la reserva de serotonina y los compuestos neuroactivos relacionados disponibles para el cerebro, con posibles consecuencias para el estado de ánimo y la función cognitiva.5

La vía de los ácidos grasos de cadena corta

Cuando las bacterias intestinales fermentan la fibra dietética, producen AGCC, en particular butirato, propionato y acetato. El butirato es la principal fuente de energía de los colonocitos, las células que recubren el colon, y ayuda a mantener la integridad de la barrera intestinal. Los AGCC también tienen efectos antiinflamatorios sistémicos y pueden influir en la permeabilidad de la barrera hematoencefálica y en la función microglial. La producción de AGCC depende en gran medida de la diversidad y la composición de la microbiota intestinal. La reducción de la producción de AGCC, asociada a una menor ingesta de fibra y a una menor diversidad microbiana en el envejecimiento, es un posible mecanismo que relaciona la disbiosis intestinal con un mayor riesgo de neuroinflamación.1

Capítulo 3: El microbioma y el estado de ánimo: lo que muestran los estudios en humanos

La relación entre la composición de la microbiota intestinal y el bienestar psicológico ha suscitado un gran interés en la investigación. Es importante destacar que esta relación es bidireccional: la microbiota intestinal influye en el estado de ánimo a través de las vías descritas anteriormente, mientras que el estrés psicológico tiene efectos documentados sobre la función de barrera intestinal y la composición microbiana.5

Evidencia observacional

Estudios observacionales en poblaciones humanas han identificado asociaciones entre perfiles específicos del microbioma y el riesgo de depresión y ansiedad. Se ha observado una reducción de la diversidad microbiana, una menor abundancia de ciertas especies de Lactobacillus y Bifidobacterium y un aumento de las poblaciones de bacterias proinflamatorias en personas con depresión clínica en comparación con controles sanos, aunque la dirección de la causalidad sigue siendo objeto de investigación activa. Estas asociaciones no establecen que los cambios en el microbioma causen depresión, sino que pueden reflejar factores comunes como la calidad de la dieta, el estrés o el uso de medicamentos.5

Ensayos de intervención con probióticos

Una revisión sistemática y un metaanálisis que examinaron 34 ensayos clínicos controlados encontraron que la suplementación con probióticos se asociaba con reducciones pequeñas pero estadísticamente significativas de los síntomas depresivos (tamaño del efecto d = -0,24) y los síntomas de ansiedad (tamaño del efecto d = -0,10) en comparación con el placebo.3 Los investigadores observaron que las muestras clínicas y médicas mostraban efectos mayores que las muestras comunitarias, lo que sugiere que las personas con síntomas más pronunciados pueden experimentar beneficios más detectables. Por el contrario, los prebióticos no demostraron efectos significativos sobre la depresión o la ansiedad en el mismo análisis. Los autores hicieron hincapié en que los efectos combinados eran modestos y que el campo se beneficiaría de ensayos más amplios con poblaciones clínicas claramente diagnosticadas.

Alimentos fermentados y resultados en el estado de ánimo

Un metaanálisis de ocho estudios de cohortes con 83 533 participantes reveló que un mayor consumo de productos lácteos fermentados se asociaba con una reducción estadísticamente significativa del riesgo de depresión (odds ratio 0,89; intervalo de confianza del 95 %: 0,81 a 0,98). En el análisis de subgrupos, el consumo de yogur y queso se asoció de forma independiente con una reducción del riesgo de depresión.6 Los investigadores propusieron la modulación del eje intestino-cerebro como un mecanismo contribuyente plausible, al tiempo que señalaron que los estudios observacionales no pueden establecer una causalidad y que los patrones alimentarios suelen estar correlacionados con otros comportamientos de estilo de vida saludable.

El concepto psicobiótico

El término «psicobiótico» se refiere a microorganismos vivos que, cuando se consumen en cantidades adecuadas, pueden aportar beneficios para la salud mental a través de las interacciones entre el eje intestino-cerebro. Este concepto ha generado un considerable interés en la investigación, aunque el campo aún está en desarrollo. Las pruebas actuales respaldan el principio general de que las intervenciones dietéticas dirigidas al intestino pueden influir en los biomarcadores relacionados con el estado de ánimo y la cognición; la traducción de esto en recomendaciones clínicas específicas sigue siendo objeto de investigación.3

Capítulo 4: Salud intestinal y envejecimiento cognitivo: la investigación emergente

Más allá del estado de ánimo, los investigadores están examinando si la microbiota intestinal es relevante para la trayectoria del envejecimiento cognitivo. A medida que la población mundial envejece, comprender los factores modificables que influyen en la longevidad cognitiva se ha convertido en una prioridad de investigación.

Diversidad del microbioma y función cognitiva

Varios estudios de cohortes humanas han informado de asociaciones entre una menor diversidad de la microbiota intestinal y un peor rendimiento cognitivo en los adultos mayores. La reducción de la diversidad se asocia con una inflamación sistémica elevada, una menor producción de AGCC y una mayor permeabilidad intestinal, todo lo cual puede crear condiciones desfavorables para el funcionamiento óptimo del cerebro. La microbiota intestinal se describe como un objetivo emergente para las estrategias destinadas a preservar la salud cerebral durante el envejecimiento, aunque en este campo se reconoce que los datos sobre la intervención humana aún están en desarrollo.2

Disbiosis y neuroinflamación

La disbiosis microbiana intestinal se ha asociado con perfiles inflamatorios del microbioma que pueden contribuir a la neuroinflamación, un proceso implicado en la patogénesis de varias enfermedades neurodegenerativas relacionadas con la edad. La translocación elevada de LPS a través de una barrera intestinal comprometida puede activar las células inmunitarias periféricas que, a su vez, envían señales a través de la barrera hematoencefálica, lo que promueve la activación microglial y una neuroinflamación sostenida de bajo grado.1 Si bien esta vía mecánica está bien caracterizada en modelos preclínicos, el establecimiento de su importancia clínica en el envejecimiento cognitivo humano sigue siendo un área de investigación activa.

Dieta mediterránea, microbioma y resultados cognitivos

Entre los patrones alimentarios, la dieta mediterránea es la que cuenta con una base empírica más sólida en relación con la composición de la microbiota intestinal y la salud cognitiva. Las investigaciones han demostrado que seguir un patrón alimentario mediterráneo se asocia con una mayor diversidad microbiana intestinal, una mayor proporción de bacterias productoras de AGCC, una reducción de los marcadores inflamatorios y un menor riesgo de deterioro cognitivo con el paso del tiempo. Los análisis sugieren que la microbiota puede mediar parcialmente los beneficios cognitivos observados en las personas que siguen la dieta mediterránea, aunque separar los efectos de la dieta de otras variables del estilo de vida en los datos observacionales sigue siendo un reto metodológico.5

Las características clave del patrón alimentario mediterráneo que parecen relevantes para la salud del eje intestino-cerebro incluyen una gran diversidad de alimentos vegetales, una cantidad considerable de fibra dietética procedente de legumbres, verduras y cereales integrales, alimentos ricos en polifenoles como el aceite de oliva, las bayas y las hierbas, y un consumo moderado de productos lácteos fermentados como el yogur. El perfil prebiótico y antiinflamatorio combinado de este patrón crea condiciones asociadas a un microbioma más diverso y metabólicamente activo.

Capítulo 5: La conexión entre el intestino y el sueño: una relación bidireccional

El sueño y la salud intestinal están relacionados de forma bidireccional. Se ha documentado que la alteración del sueño tiene efectos sobre la fisiología intestinal, mientras que la composición del microbioma influye en la disponibilidad de compuestos que regulan el ciclo sueño-vigilia.

Cómo afecta el sueño deficiente al intestino

Las investigaciones en seres humanos han demostrado que la privación del sueño y la alteración del ritmo circadiano están asociadas con un aumento de la permeabilidad intestinal, lo que a veces se describe de manera informal como un aumento de la disfunción de la barrera intestinal. Esto puede permitir que los componentes bacterianos se trasladen al torrente sanguíneo, lo que desencadena respuestas inflamatorias. La alteración del sueño también se asocia con cambios desfavorables en la composición microbiana intestinal, incluida la reducción de bacterias beneficiosas y el aumento de especies proinflamatorias. Los trabajadores por turnos y las personas con trastornos crónicos del sueño muestran perfiles de microbioma alterados en comparación con aquellos que tienen patrones de sueño constantes, aunque es difícil establecer la causalidad en la investigación observacional.5

Cómo influye el intestino en el sueño

El intestino produce precursores de la melatonina y la serotonina, ambas implicadas en la regulación del ciclo sueño-vigilia. El triptófano, derivado de las proteínas de la dieta y con influencia microbiana en su disponibilidad metabólica, es el precursor dietético de la serotonina y, en última instancia, de la melatonina. Por lo tanto, un microbioma que favorezca el metabolismo óptimo del triptófano puede contribuir a una regulación circadiana saludable. También se han estudiado los AGCC derivados del intestino por su posible influencia en las vías de señalización hipotalámicas relevantes para la arquitectura del sueño.

Esta relación bidireccional significa que favorecer la salud intestinal puede representar un componente de un enfoque más amplio para mejorar la calidad del sueño, mientras que, al mismo tiempo, dar prioridad a la calidad del sueño puede ayudar a preservar la integridad del microbioma. Para un examen detallado de las estrategias de optimización del sueño, consulte nuestro artículo relacionado sobre el sueño profundo y el sistema glinfático.

Capítulo 6: Pasos prácticos para apoyar el eje intestino-cerebro

Según las pruebas actuales en humanos, los siguientes enfoques están asociados con el apoyo a la salud de la microbiota intestinal de formas relevantes para el eje intestino-cerebro. Se trata de estrategias de estilo de vida basadas en pruebas, no de tratamientos médicos.

Aumentar la diversidad de fibra dietética

La fibra dietética es el sustrato principal de las bacterias productoras de AGCC. Las investigaciones asocian sistemáticamente una mayor ingesta de fibra con una mayor diversidad microbiana y perfiles de AGCC más favorables. La diversidad de las fuentes de fibra parece ser tan importante como la cantidad total. El consumo de una amplia variedad de alimentos vegetales, incluyendo diferentes verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas, proporciona una gama diversa de sustratos prebióticos que favorecen diferentes poblaciones bacterianas.5

Incorpore alimentos fermentados de forma regular.

Un ensayo controlado aleatorio realizado en la Universidad de Stanford demostró que una dieta rica en alimentos fermentados durante 10 semanas condujo a una mayor diversidad de la microbiota intestinal y a la reducción de 19 proteínas inflamatorias, incluida la interleucina-6, en adultos sanos. Estos cambios no se observaron en los participantes a los que se les asignó una dieta rica en fibra durante el mismo período.4 Los alimentos de la categoría fermentados incluyen yogur, kéfir, requesón fermentado, kimchi, chucrut y kombucha. Un consumo moderado y constante a lo largo de la semana parece más relevante que porciones grandes ocasionales.

Priorizar los alimentos ricos en polifenoles

Los polifenoles, compuestos vegetales bioactivos que se encuentran en abundancia en las bayas, el té verde, el aceite de oliva, el chocolate negro y las verduras de colores, son metabolizados parcialmente por las bacterias intestinales en derivados bioactivos. Estos compuestos producidos por microorganismos han demostrado propiedades antiinflamatorias en investigaciones con seres humanos. Una dieta rica en polifenoles es una característica clave del patrón alimentario mediterráneo, asociado a un microbioma y unos resultados cognitivos más favorables.5

Considere la ingesta de omega-3 DHA.

El ácido docosahexaenoico (DHA), un ácido graso omega-3 que se encuentra en los pescados grasos, contribuye al mantenimiento de la función cerebral normal (afirmación aprobada por la EFSA). El DHA también tiene propiedades antiinflamatorias relevantes para la integridad de la barrera intestinal, y la ingesta de ácidos grasos omega-3 en la dieta se asocia con perfiles de microbioma más favorables en la investigación observacional en humanos. Para las personas cuya ingesta de pescado azul en la dieta es baja, puede valer la pena consultar con un profesional de la salud la posibilidad de tomar un suplemento de omega-3 de alta calidad que aporte DHA.

Gestionar el estrés psicológico

El estrés psicológico activa el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, que tiene efectos directos sobre la motilidad intestinal, la función de barrera y la composición microbiana. El estrés crónico se asocia con un aumento de la permeabilidad intestinal y patrones disbióticos del microbioma. Los enfoques de gestión del estrés basados en la evidencia, que incluyen la actividad física regular, las prácticas de mindfulness, las relaciones sociales adecuadas y un tiempo de recuperación suficiente, se asocian con perfiles más favorables del microbioma intestinal.5

Limitar los alimentos ultraprocesados

Los alimentos ultraprocesados se asocian con una reducción de la diversidad microbiana y un aumento de la alteración de la barrera intestinal en las investigaciones epidemiológicas en humanos. Su combinación de carbohidratos altamente refinados, aditivos artificiales y bajo contenido en fibra crea condiciones desfavorables para un microbioma diverso y equilibrado. Reducir el consumo de alimentos ultraprocesados y aumentar la ingesta de alimentos integrales y mínimamente procesados es una de las estrategias dietéticas más consistentes con la evidencia para apoyar el eje intestino-cerebro.5

Proteja la calidad del sueño

Como se describe en el capítulo 5, un sueño constante y adecuado es importante para la integridad de la barrera intestinal y el equilibrio microbiano. Dar prioridad a un horario de sueño constante, minimizar la exposición a la luz brillante antes de acostarse y abordar los trastornos del sueño mediante medios basados en la evidencia son factores que favorecen la relación entre el intestino, la microbiota y el sueño. Para más información, consulte nuestro artículo relacionado sobre el sueño profundo y el sistema glinfático.

El magnesio y el sistema nervioso

El magnesio contribuye al funcionamiento normal del sistema psicológico y nervioso (declaración aprobada por la EFSA). Muchos adultos tienen una ingesta de magnesio inferior a la óptima. Aunque el magnesio no actúa principalmente a través del eje intestino-cerebro, desempeña un papel en la regulación de los neurotransmisores y en las vías de respuesta al estrés que se cruzan con la señalización del eje intestino-cerebro. Garantizar una ingesta adecuada de magnesio en la dieta, o complementarla cuando la ingesta es baja, es un componente razonable del apoyo general a la salud cerebral. Longevity Complete incluye magnesio junto con otros nutrientes que cuentan con declaraciones aprobadas por la EFSA para el funcionamiento psicológico normal y el metabolismo energético, y está formulado para garantizar una calidad probada por terceros.

Preguntas y respuestas: respuestas a sus preguntas sobre el eje intestino-cerebro

¿Qué es el eje intestino-cerebro?

El eje intestino-cerebro es una red de comunicación bidireccional que conecta el intestino, su microbioma y el cerebro a través de vías neuronales, inmunitarias, endocrinas y metabólicas. Permite una comunicación cruzada continua que influye en el estado de ánimo, la cognición, las respuestas al estrés y la función digestiva.1

¿Cómo conecta el nervio vago el intestino y el cerebro?

El nervio vago va desde el tronco cerebral hasta el abdomen y transmite información sensorial sobre el entorno intestinal al cerebro. Aproximadamente entre el 80 y el 90 % de sus fibras transmiten señales intestinales hacia el cerebro. Las bacterias intestinales se comunican con las neuronas vagales a través de las células enteroendocrinas, lo que influye en el estado de ánimo, el apetito y la regulación del estrés.1

¿La salud intestinal afecta al estado de ánimo?

Las investigaciones en seres humanos han identificado asociaciones entre la composición de la microbiota intestinal y el estado de ánimo. Un metaanálisis de 34 ensayos controlados reveló que los probióticos se asociaban con reducciones pequeñas pero significativas de los síntomas depresivos y de ansiedad en comparación con el placebo.3 Los datos de cohortes grandes también asocian el consumo de alimentos fermentados con un menor riesgo de depresión.6 Estos hallazgos sugieren una relación, aunque los mecanismos y la magnitud clínica siguen siendo objeto de investigación.

¿Puede la mejora de la salud intestinal favorecer el envejecimiento cognitivo?

La microbiota intestinal se describe como un objetivo emergente para las estrategias destinadas a preservar la salud cognitiva con el envejecimiento. Las investigaciones en humanos han identificado asociaciones entre la disbiosis de la microbiota y el aumento del riesgo de deterioro cognitivo. Si la mejora activa de la salud de la microbiota a través de la dieta puede modificar las trayectorias cognitivas es objeto de investigación clínica en curso; las pruebas actuales son prometedoras, pero aún no definitivas.2

¿Qué son los psicobióticos?

Los psicobióticos son microorganismos vivos que, cuando se consumen en cantidades adecuadas, pueden proporcionar beneficios para la salud mental a través de las interacciones entre el eje intestino-cerebro. El concepto también incluye compuestos prebióticos que modulan la actividad microbiana intestinal relevante para los resultados psicológicos. Las pruebas clínicas aún están madurando y ningún psicobiótico está aprobado como tratamiento para ninguna afección de salud mental.3

¿Cómo afecta el envejecimiento al eje intestino-cerebro?

Con el envejecimiento, la diversidad microbiana intestinal suele disminuir, las bacterias beneficiosas productoras de AGCC disminuyen, la integridad de la barrera intestinal puede debilitarse y los marcadores inflamatorios sistémicos tienden a aumentar. Estos cambios están asociados con cambios en la disponibilidad de neurotransmisores, un aumento de la señalización neuroinflamatoria y una reducción de la producción de metabolitos neuroprotectores, todos ellos estudiados en relación con los cambios cognitivos relacionados con la edad.2

¿Qué alimentos favorecen el eje intestino-cerebro?

Las investigaciones en seres humanos respaldan de manera consistente el consumo de diversos alimentos vegetales para obtener una variedad de fibra, alimentos fermentados como el yogur y el kéfir para la diversidad del microbioma, alimentos ricos en polifenoles como las bayas y el aceite de oliva, y pescados grasos que proporcionan omega-3 DHA, que contribuye al funcionamiento normal del cerebro (afirmación aprobada por la EFSA). El patrón alimentario mediterráneo, que incorpora todos estos elementos, tiene la base empírica más sólida en relación con la salud del microbioma y los resultados cognitivos.5

¿Existe una conexión entre el intestino y el sueño?

Sí. Los estudios en humanos demuestran que la alteración del sueño está asociada con un aumento de la permeabilidad intestinal y cambios desfavorables en la microbiota. Por el contrario, el intestino influye en el ciclo de sueño-vigilia a través de la producción de precursores de serotonina y melatonina y a través de las vías de señalización de los AGCC. Esta relación bidireccional significa que la salud intestinal y la calidad del sueño se refuerzan mutuamente o se debilitan mutuamente, dependiendo de las elecciones de estilo de vida.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el eje intestino-cerebro en términos sencillos?

El eje intestino-cerebro es el sistema de comunicación entre el intestino y el cerebro. Funciona a través del sistema nervioso, el sistema inmunológico, las hormonas y los metabolitos bacterianos. Lo que ocurre en el intestino envía señales al cerebro, y el cerebro envía señales de vuelta. Esto significa que la microbiota, la comunidad de bacterias del sistema digestivo, puede influir en cómo se siente, cómo piensa y cómo envejece el cerebro.1

¿Pueden los probióticos ayudar con el estado de ánimo y la ansiedad?

Un metaanálisis de 34 ensayos clínicos controlados reveló que los probióticos se asociaban con reducciones pequeñas pero estadísticamente significativas de los síntomas depresivos y de ansiedad en comparación con el placebo.3 Se observaron efectos mayores en poblaciones clínicas. Las pruebas actuales son favorables, pero no lo suficientemente concluyentes como para recomendar los probióticos como tratamientos independientes para los trastornos del estado de ánimo. Si padece un trastorno de salud mental, consulte a un profesional sanitario cualificado.

¿Qué significa la diversidad de la microbiota intestinal para la salud cerebral?

La diversidad de la microbiota intestinal se refiere al número y la variedad de especies bacterianas presentes en el tracto digestivo. Una mayor diversidad se asocia generalmente con una función inmunitaria más resistente, una producción más robusta de AGCC y una mejor salud metabólica. En los adultos mayores, una menor diversidad de la microbiota se ha asociado con una inflamación elevada y un mayor riesgo de deterioro cognitivo. Una dieta diversa basada en alimentos integrales y rica en variedad vegetal es una de las formas más prácticas de favorecer la diversidad microbiana.2

¿Cómo favorecen los alimentos fermentados el eje intestino-cerebro?

Los alimentos fermentados, como el yogur, el kéfir, el kimchi y el chucrut, contienen microorganismos vivos que pueden contribuir a la composición de la microbiota intestinal. Un ensayo controlado aleatorio descubrió que una dieta basada en alimentos fermentados aumentaba la diversidad microbiana intestinal y reducía 19 proteínas inflamatorias en adultos sanos durante 10 semanas.4 La reducción de la inflamación sistémica es relevante para la salud del eje intestino-cerebro, ya que las señales inflamatorias pueden influir en la función cerebral y el riesgo de neuroinflamación.

¿Cómo se relaciona el DHA con el eje intestino-cerebro?

El ácido docosahexaenoico (DHA), un ácido graso omega-3 que se encuentra en los pescados grasos, contribuye al mantenimiento de la función cerebral normal (declaración aprobada por la EFSA). El DHA también tiene propiedades antiinflamatorias relevantes para la integridad de la barrera intestinal, y la ingesta dietética de omega-3 se asocia con perfiles de microbioma más favorables en la investigación observacional en humanos. Para las personas con un bajo consumo de pescado, un suplemento de omega-3 de alta calidad que aporte DHA puede ser una opción práctica a consultar con un profesional sanitario.

Referencias

  1. Loh JS, Mak WQ, Tan LKS, et al. Eje microbiota-intestino-cerebro y sus aplicaciones terapéuticas en enfermedades neurodegenerativas. Signal Transduct Target Ther. 2024;9(1):37. doi: 10.1038/s41392-024-01743-1. Ver en PubMed ↗
  2. Boehme M, Guzzetta KE, Wasen C, Cox LM. La microbiota intestinal es un objetivo emergente para mejorar la salud cerebral durante el envejecimiento. Gut Microbiome (Camb). 2023;4:e2. doi: 10.1017/gmb.2022.11. Ver en PubMed ↗
  3. Liu RT, Walsh RFL, Sheehan AE. Prebióticos y probióticos para la depresión y la ansiedad: una revisión sistemática y un metaanálisis de ensayos clínicos controlados. Neurosci Biobehav Rev. 2019;102:13-23. doi: 10.1016/j.neubiorev.2019.03.023. Ver en PubMed ↗
  4. Wastyk HC, Fragiadakis GK, Perelman D, et al. Las dietas dirigidas a la microbiota intestinal modulan el estado inmunitario humano. Cell. 2021;184(16):4137-4153. doi: 10.1016/j.cell.2021.06.019. Ver en PubMed ↗
  5. Berding K, Vlckova K, Marx W, et al. La dieta y el eje microbiota-intestino-cerebro: sembrando las semillas de una buena salud mental. Adv Nutr. 2021;12(4):1239-1285. doi: 10.1093/advances/nmaa181. Ver en PubMed ↗
  6. Luo Y, Li Z, Gu L, Zhang K. Consumo de productos lácteos fermentados y síntomas depresivos: un metaanálisis de estudios de cohortes. PLoS One. 2023;18(2):e0281346. doi: 10.1371/journal.pone.0281346. Ver en PubMed ↗

Descargo de responsabilidad: Contenido educativo únicamente. No es un consejo médico. Los suplementos no están destinados a diagnosticar, tratar, curar o prevenir ninguna enfermedad. Consulte a un profesional sanitario cualificado si padece alguna afección médica o toma medicamentos.