¿Cuánto tiempo hay que ayunar para la autofagia? Lo que dice realmente la ciencia

La autofagia, el proceso celular de eliminación de componentes dañados, comienza a intensificarse en las células humanas después de aproximadamente 14 a 16 horas de ayuno, según las estimaciones actuales extrapoladas de estudios con marcadores humanos. Sin embargo, no existe un umbral único confirmado en los seres humanos. Medir la autofagia en personas vivas sigue siendo un reto técnico, y la mayoría de los estudios en humanos utilizan ventanas de ayuno de 24 a 72 horas. La duración precisa necesaria para una inducción significativa de la autofagia en adultos sanos aún no ha sido establecida de forma definitiva por la ciencia.

Puntos clave

  • La autofagia es un proceso de control de calidad celular en el que las células degradan y reciclan las proteínas y los orgánulos dañados. Fue reconocida con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2016.
  • La macroautofagia discapacitada es uno de los signos distintivos reconocidos del envejecimiento, lo que sugiere que el apoyo a la capacidad autofágica puede ser relevante para una longevidad saludable.1
  • Los estudios en humanos que miden los marcadores de autofagia (Beclin-1, LC3-II, p62) en la sangre y los músculos muestran que el ayuno de 24 a 36 horas regula al alza de forma constante las señales de autofagia.2,3
  • El umbral comúnmente citado de 14 a 16 horas es una estimación razonable a nivel poblacional, pero no se deriva de un único estudio controlado sobre el umbral en humanos; la variación individual es considerable.
  • El ejercicio activa de forma independiente los marcadores de autofagia en el músculo esquelético humano, lo que ofrece una vía complementaria que no requiere ayuno.4
  • Un ensayo clínico aleatorio piloto realizado en 2025 con seres humanos descubrió que una dieta de 5 días que imita el ayuno (FMD) se asociaba con aumentos medibles en el flujo autofágico, junto con mejoras en los marcadores metabólicos.5
  • La autofagia no se puede medir directamente en seres humanos vivos con herramientas clínicas estándar; todos los datos humanos publicados se basan en biomarcadores sustitutivos indirectos con limitaciones conocidas.

¿Qué es la autofagia y por qué es importante para el envejecimiento?

La palabra autofagia proviene del griego y significa «autoconsumo». En términos biológicos, describe el proceso por el cual una célula descompone y recicla sus propios componentes dañados o redundantes. Esto incluye proteínas mal plegadas, mitocondrias disfuncionales (eliminadas a través de un subproceso especializado llamado mitofagia), agregados de proteínas y otros desechos celulares que se acumulan con el tiempo.

La maquinaria celular de la autofagia fue descrita en detalle por el biólogo celular japonés Yoshinori Ohsumi, cuyo trabajo le valió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2016. La investigación de Ohsumi en levadura identificó los genes clave relacionados con la autofagia (genes ATG) y estableció cómo la célula coordina la formación de una vesícula de doble membrana llamada autofagosoma. Esta estructura envuelve la carga dañada y se fusiona con el lisosoma, donde las enzimas ácidas descomponen todo en bloques de construcción reutilizables.

Se reconocen tres tipos principales de autofagia: la macroautofagia (la más estudiada, comúnmente conocida simplemente como «autofagia»), la microautofagia y la autofagia mediada por chaperonas (CMA). Cuando se habla de ayuno y autofagia, casi siempre se hace referencia a la macroautofagia, que es la que responde de forma más visible a las señales de privación de nutrientes.

La relevancia del envejecimiento es significativa. Una revisión histórica de 2013 en Cell, que catalogó las características del envejecimiento en diferentes especies, identificó la macroautofagia discapacitada como uno de los cambios celulares clave asociados con el envejecimiento biológico.1 A medida que la autofagia se vuelve menos eficiente con la edad, las proteínas y los orgánulos dañados se acumulan dentro de las células. Esta acumulación está asociada con la disfunción celular y se cree que contribuye al deterioro general de la función tisular que se observa en los organismos envejecidos. Si la restauración de la actividad autofágica mediante intervenciones dietéticas puede ralentizar significativamente este proceso en los seres humanos sigue siendo una cuestión abierta y objeto de investigación activa.

Lo que muestran los estudios en humanos sobre el ayuno y la autofagia

Para comprender lo que realmente muestran las pruebas en humanos es necesario reconocer un reto fundamental en materia de medición. A diferencia de los modelos animales, en los que los investigadores pueden examinar la autofagia directamente en el hígado, el cerebro o el tejido cardíaco inmediatamente después del sacrificio, medir la autofagia en seres humanos vivos es técnicamente complicado. Las restricciones éticas impiden la biopsia rutinaria de órganos internos. Como resultado, la investigación en humanos se ha basado en dos enfoques principales: biopsias musculares (del vasto lateral u otros músculos accesibles) y muestras de sangre de células mononucleares de sangre periférica (PBMC).

Los biomarcadores clave de la autofagia utilizados en estudios en humanos incluyen LC3 (cadena ligera de la proteína asociada a los microtúbulos 3), en particular la forma lipídica LC3-II, que aumenta cuando se forman los autofagosomas; Beclin-1, una proteína implicada en el inicio de la autofagia; y p62 (también llamada SQSTM1/Sequestosome-1), un receptor que disminuye cuando la autofagia está eliminando activamente la carga. Estos marcadores proporcionan señales indirectas de la actividad autofágica, no mediciones directas del flujo, lo que crea complejidad interpretativa.

A pesar de estas limitaciones, está surgiendo una imagen coherente de la literatura humana. Un estudio de cohorte controlado que examinó los efectos de 30 días de ayuno intermitente durante el Ramadán en 50 sujetos sanos encontró una regulación al alza significativa de la expresión del gen Beclin-1 en las células mononucleares de la sangre periférica en comparación con los controles que no ayunaban.3 El ayuno del Ramadán implica la abstinencia diaria de alimentos y agua desde el amanecer hasta la puesta del sol, normalmente entre 12 y 16 horas, dependiendo de la ubicación geográfica y la estación del año. El estudio descubrió que las mujeres que ayunan también mostraban niveles elevados de proteína Beclin-1 en suero, lo que sugiere posibles diferencias de género en la respuesta autofágica, un área que merece una investigación más profunda.

Un estudio en humanos realizado en 2018 por Dethlefsen y sus colegas examinó la autofagia del músculo esquelético en respuesta a 36 horas de ayuno solo con agua en personas entrenadas y no entrenadas.2 Los investigadores descubrieron que el ayuno influía en la expresión génica relacionada con la autofagia de forma dependiente del estado de entrenamiento, con diferencias en LC3 y marcadores relacionados entre los grupos. Este estudio ilustra que factores individuales como el nivel de forma física y el historial de entrenamiento influyen en la respuesta autofágica del cuerpo al ayuno, lo que dificulta definir un umbral universal aplicable a todas las personas.

Un estudio realizado en 2024 por Martínez-Canton y sus colegas examinó los marcadores de autofagia en el tejido muscular humano tras un protocolo de ayuno intermitente, y descubrió que las respuestas de los marcadores de autofagia diferían entre el tejido muscular humano y el de ratón, y que en los seres humanos los marcadores de autofagia muscular se veían influidos por los efectos de la pérdida de peso más que por la duración del ayuno en sí.6 Este hallazgo pone de relieve un punto crítico: no todos los estudios sobre la autofagia se pueden trasladar directamente de los animales a los seres humanos, y la naturaleza específica de las respuestas de autofagia en los tejidos significa que los hallazgos en el hígado o las neuronas pueden no ser generalizables a los músculos o viceversa.

El umbral de 14 a 16 horas: ¿de dónde viene este número?

Una búsqueda de «cuánto tiempo hay que ayunar para la autofagia» produce una respuesta casi universal de 14 a 16 horas. Esta cifra aparece en los medios de comunicación populares sobre salud, en los podcasts sobre longevidad y en la comercialización de suplementos. Pero sus orígenes en la literatura científica son menos claros de lo que podría sugerir la repetición segura de la cifra.

No existe ningún ensayo clínico aleatorio en humanos que haya medido los marcadores de autofagia a intervalos de una hora desde las 0 hasta las 24 horas e identificado un umbral de activación preciso. La cifra parece derivarse de varias líneas de evidencia consideradas en conjunto. En primer lugar, el mTOR (objetivo mecánico de la rapamicina), un supresor primario de la autofagia, comienza a inhibirse cuando la insulina y la glucosa circulantes disminuyen tras un ayuno prolongado. En la mayoría de las personas que han tomado una cena normal, esta supresión se hace detectable en el rango metabólico de 12 a 16 horas. En segundo lugar, la glucosa y la insulina en sangre suelen alcanzar niveles de ayuno en este periodo, lo que crea condiciones propicias para la activación de la autofagia. En tercer lugar, la extrapolación de modelos animales que muestran una rápida inducción de la autofagia tras el ayuno se ha aplicado a las estimaciones de tiempo en humanos, aunque la traducción directa entre especies es imprecisa.

Los datos sobre el ayuno del Ramadán son instructivos en este sentido. Los periodos diarios de ayuno de aproximadamente 12 a 16 horas, mantenidos durante 30 días, son suficientes para producir cambios medibles en la expresión de los genes de la autofagia en las células sanguíneas periféricas humanas.3 Esto respalda la idea de que los periodos de ayuno diario más cortos pueden influir en la señalización relacionada con la autofagia, aunque no establece un umbral preciso a nivel de minutos. Las variaciones individuales en la tasa metabólica, la sensibilidad a la insulina, las reservas de glucógeno y la composición de las comidas previas afectan al momento en que el cuerpo de una persona determinada pasa al estado metabólico asociado a la inducción de la autofagia.

El resumen científico honesto es el siguiente: entre 14 y 16 horas es una estimación razonable y basada en la evidencia para la población sobre cuándo la señalización relacionada con la autofagia comienza a cambiar de manera significativa en los seres humanos. No se trata de un cambio confirmado biológicamente que se active en un momento preciso. Para las personas con mayor resistencia a la insulina o mayores reservas de glucógeno, el umbral puede cambiar más tarde. Para aquellas con alta eficiencia metabólica o niveles basales de insulina más bajos, puede ocurrir antes. La ventana de 14 a 16 horas proporciona un punto de referencia práctico útil, no un evento celular garantizado.

Ejercicio y autofagia: una vía complementaria que no requiere ayuno prolongado

Uno de los aspectos prácticos más importantes para cualquiera que explore la autofagia es que el ayuno no es la única forma de activar los marcadores de autofagia en las células humanas. El ejercicio es capaz de regular al alza de forma independiente la señalización relacionada con la autofagia en el músculo esquelético humano, tal y como se ha documentado en múltiples estudios en humanos.

Un estudio realizado en 2018 por Brandt y sus colegas examinó los marcadores de autofagia en el músculo esquelético humano tras diferentes intensidades de ejercicio e intervenciones de entrenamiento.4 Los investigadores midieron las proteínas relacionadas con la autofagia en biopsias musculares tomadas en reposo, inmediatamente después del ejercicio y dos horas después del ejercicio. Tanto los protocolos de ejercicio moderado como los de intervalos de sprint elevaron los marcadores LC3 y Beclin-1 en las dos primeras horas de recuperación. Un programa de entrenamiento de ocho semanas aumentó adicionalmente los marcadores asociados con la capacidad de autofagia y la regulación de la mitofagia. Los hallazgos sugieren que el ejercicio regular favorece el mecanismo celular necesario para la autofagia, no solo a través de la estimulación aguda, sino también a través de cambios adaptativos en el propio sistema de autofagia.

Una revisión realizada por Martin-Rincon y sus colegas ofrece una síntesis útil de la bibliografía sobre el ejercicio físico y la autofagia en humanos, y señala que la activación de la autofagia a través del ejercicio parece ser especialmente sensible a la intensidad del ejercicio y a si este se realiza en ayunas o después de haber comido, siendo el ayuno más propicio para la señalización de la autofagia.7 Sin embargo, los revisores también advierten que la medición del flujo de autofagia en seres humanos vivos sigue estando técnicamente limitada y que los datos de los marcadores disponibles deben interpretarse con el matiz adecuado.

La implicación práctica es significativa: combinar ejercicio moderado a vigoroso con una alimentación restringida en el tiempo o ayunos periódicos puede tener efectos aditivos sobre la señalización relacionada con la autofagia. Una persona que hace ejercicio regularmente y mantiene un ayuno nocturno de 14 a 16 horas no necesita realizar ayunos prolongados o extremos para activar estas vías. Las pruebas que respaldan el ayuno extremo de varios días para la autofagia en adultos sanos que ya hacen ejercicio y comen dentro de un intervalo razonable siguen siendo limitadas.

Dieta que imita el ayuno: acceder a los beneficios relacionados con la autofagia sin ayunar por completo.

Para las personas que encuentran difícil mantener un ayuno prolongado debido a su estilo de vida, contraindicaciones médicas o preferencias personales, la dieta que imita el ayuno (FMD) representa una alternativa respaldada por la investigación. Desarrollada por el profesor Valter Longo y sus colegas de la Universidad del Sur de California, la FMD es un protocolo dietético vegetal y bajo en calorías diseñado para producir señales fisiológicas similares a las del ayuno, al tiempo que proporciona los nutrientes esenciales.

Un ensayo controlado aleatorio publicado en 2017 evaluó los efectos de tres ciclos mensuales de cinco días de FMD en 100 adultos generalmente sanos.8 El estudio reveló que tres ciclos de FMD redujeron el peso corporal, la grasa del tronco, la presión arterial y los niveles de IGF-1 en comparación con los controles. La supresión de IGF-1 y la insulina son relevantes para la autofagia porque envían señales a través de la misma vía mTOR que suprime la autofagia cuando los nutrientes son abundantes. No se notificaron efectos adversos graves en la población del estudio. Aunque este estudio no midió directamente los biomarcadores de la autofagia, los cambios metabólicos observados son coherentes con las condiciones que favorecen la activación de la autofagia.

Más recientemente, un ensayo clínico aleatorio piloto de 2025 examinó específicamente si la FMD influye en el flujo autofágico en los seres humanos, lo que lo convierte en el primer estudio controlado que evalúa directamente esta cuestión.5 Se seleccionó aleatoriamente a treinta participantes sanos para recibir dos formulaciones de FMD o una dieta de control durante ocho días. Se midió el flujo autofágico en las células mononucleares de sangre periférica utilizando un ensayo LC3B-II basado en cloroquina, considerado una medida más rigurosa de la actividad autofágica que los niveles de LC3 en estado estacionario por sí solos. El grupo ProLon FMD mostró aumentos significativos en el flujo autofágico, junto con mejoras en la glucosa en ayunas, los niveles de cetonas y el HOMA-IR en comparación con los controles. Los autores del estudio señalaron acertadamente que se trataba de un ensayo piloto con una muestra pequeña y pidieron que se realizaran estudios más amplios para confirmar y ampliar los resultados.

Estos estudios sobre la FMD son clínicamente notables porque demuestran que no es necesario un ayuno continuo solo con agua para producir cambios medibles relacionados con la autofagia en los seres humanos. El enfoque dietético controlado y bajo en calorías parece capaz de cambiar los marcadores metabólicos y de autofagia en una dirección significativa, con una carga más manejable para la mayoría de los adultos. Sin embargo, es importante señalar que el protocolo FMD se desarrolló y probó en entornos de investigación supervisados, y las personas con afecciones médicas deben consultar a un profesional de la salud antes de intentar cualquier protocolo de ayuno prolongado o FMD.

El problema de la medición: por qué las afirmaciones sobre la autofagia deben evaluarse con cuidado

Un debate responsable sobre la autofagia y el ayuno requiere afrontar directamente el reto de la medición. Las afirmaciones de que una duración específica del ayuno «activa la autofagia» se presentan a menudo con más precisión de la que justifica la ciencia subyacente. Para comprender por qué, es necesario examinar brevemente cómo se evalúa la autofagia en la investigación con seres humanos.

La medida más rigurosa de la autofagia es el flujo autofágico: la velocidad a la que la autofagia completa realmente el ciclo de degradación. Para medir el flujo es necesario bloquear la degradación lisosomal (normalmente con un fármaco como la cloroquina o la bafilomicina) y cuantificar la acumulación de sustratos como LC3-II durante un periodo definido. Este enfoque es factible ex vivo en cultivos celulares derivados de muestras de sangre humana, pero no puede realizarse de forma no invasiva en una persona viva.

La mayoría de los estudios sobre el ayuno y la autofagia en humanos miden, en cambio, los niveles en estado estacionario de las proteínas relacionadas con la autofagia en biopsias musculares o en sangre. Los niveles elevados de LC3-II se interpretan comúnmente como evidencia de una mayor formación de autofagosomas, pero esta interpretación tiene importantes salvedades. Un nivel elevado de LC3-II puede reflejar un aumento en el inicio de la autofagia o una alteración en la finalización del ciclo de autofagia (es decir, se forman autofagosomas, pero no se eliminan). Sin una medición del flujo, no es posible distinguir entre los dos escenarios. Del mismo modo, la acumulación de p62 normalmente sugiere una alteración en la autofagia, mientras que su reducción sugiere una eliminación activa, pero las condiciones de ayuno pueden producir señales mixtas en los tejidos que complican la interpretación.

Nada de esto invalida la evidencia humana de la autofagia inducida por el ayuno. Sí significa que los umbrales de duración específicos y las afirmaciones sobre la magnitud deben mantenerse con la debida humildad epistémica. La visión general, según la cual el ayuno, el ejercicio y los enfoques dietéticos relacionados influyen en la señalización celular relacionada con la autofagia, está respaldada por pruebas convergentes. Los detalles más precisos sobre cuándo, en quién y en qué grado cuantitativo siguen siendo áreas activas de investigación científica.

Orientación práctica: cómo es un enfoque reflexivo

Basándose en las pruebas actuales, se derivan algunos principios para las personas interesadas en favorecer la autofagia mediante elecciones de estilo de vida. Se trata de consideraciones educativas, no de recomendaciones médicas. Cualquier persona con una afección médica, que tome medicamentos o que tenga problemas de salud específicos debe consultar cualquier cambio significativo en su dieta con un profesional sanitario cualificado.

Un periodo de ayuno nocturno de 14 a 16 horas, que se consigue comiendo dentro de un periodo diario reducido (por ejemplo, terminar la cena a las 8 de la tarde y no volver a comer hasta las 10 o las 12 de la mañana del día siguiente), se sitúa en la intersección entre lo que es factible para la mayoría de los adultos y lo que, según las pruebas disponibles, puede empezar a influir en la señalización relacionada con la autofagia. Mantener este enfoque de forma constante, en lugar de ayunar de forma extrema de vez en cuando, es probablemente más relevante para la adaptación biológica a largo plazo.

El ejercicio físico regular, especialmente de intensidad moderada a vigorosa, activa de forma independiente los marcadores de autofagia en el músculo esquelético humano y favorece el mecanismo celular para el control de calidad. La combinación de una alimentación con restricción horaria y ejercicio regular puede producir efectos aditivos en las vías relacionadas con la autofagia, aunque los estudios bien diseñados en humanos que prueban directamente esta combinación son limitados.

Para aquellos que estén considerando protocolos de ayuno periódico, como la dieta que imita el ayuno, los datos disponibles de los ensayos en humanos son alentadores, pero aún se encuentran en una fase temprana. El ensayo piloto de 2025 representa un avance significativo en la medición directa del flujo autofágico en humanos durante una intervención dietética, pero sigue siendo necesaria su confirmación en estudios más amplios y prolongados.

Supplement Connections: lo que sugiere la ciencia

Se analizan varios ingredientes de los suplementos en el contexto de las vías relacionadas con la autofagia. Esta sección proporciona información educativa sobre la biología, no recomendaciones de productos ni afirmaciones sobre la salud.

El resveratrol, un polifenol que se encuentra en la piel de la uva, ha sido estudiado por sus efectos sobre la activación de las sirtuinas, en particular la SIRT1. Las sirtuinas son enzimas dependientes del NAD+ que interactúan con la regulación de la autofagia a través de varias vías, incluida la activación de la AMPK y la supresión de mTOR. Los estudios en humanos sobre los efectos clínicos del resveratrol han arrojado resultados contradictorios, y la medición directa de la autofagia en los estudios con resveratrol en humanos sigue siendo limitada. Su papel en las formulaciones de suplementos orientados a la longevidad se basa en esta lógica mecánica, con la salvedad de que la biodisponibilidad varía considerablemente entre las diferentes formulaciones.

El NMN (mononucleótido de nicotinamida), un precursor del NAD+, se analiza en relación con la autofagia a través del eje AMPK-NAD+. La AMPK, el sensor de energía celular que ayuda a iniciar la autofagia durante la restricción energética, está regulada en parte por la disponibilidad de NAD+. Los datos de los ensayos clínicos aleatorios en humanos sobre el NMN confirman que eleva los niveles de NAD+ en sangre, aunque hasta la fecha no se ha establecido en los ensayos controlados publicados si esta elevación se traduce en cambios medibles en la autofagia en humanos sanos.

La espermidina, una poliamina natural que se encuentra en alimentos como el germen de trigo, la soja y el queso maduro, ha despertado el interés de los investigadores como posible activador de la autofagia. Los modelos preclínicos muestran que la espermidina induce la autofagia mediante la inhibición de la acetiltransferasa EP300. Los datos observacionales en humanos han asociado una mayor ingesta de espermidina en la dieta con algunos resultados relacionados con la longevidad, aunque los datos de ensayos de intervención controlados en humanos siguen siendo limitados.

Preguntas y respuestas: Autofagia y ayuno

¿Cuánto tiempo debo ayunar para que comience la autofagia?

Según las investigaciones actuales en seres humanos, la señalización relacionada con la autofagia parece comenzar a cambiar de manera significativa después de aproximadamente 14 a 16 horas de ayuno. Sin embargo, se trata de una estimación a nivel poblacional, no de un umbral confirmado con precisión para cada individuo. Factores como la tasa metabólica, la sensibilidad a la insulina, la composición de las comidas previas y el nivel de forma física influyen en el momento en que se desarrollan las condiciones que permiten la autofagia. Los estudios que miden los marcadores de autofagia en humanos han utilizado predominantemente ventanas de ayuno de 24 a 36 horas, por lo que los datos sólidos que confirman específicamente un umbral de 14 a 16 horas en ensayos controlados en humanos son limitados.2,3

¿Puedo medir mis niveles de autofagia en casa?

No. Actualmente no existe ninguna prueba disponible para los consumidores que mida la autofagia en seres humanos vivos. La investigación sobre la autofagia en personas se basa en biopsias musculares, análisis de sangre con inhibidores lisosomales o análisis de expresión génica, ninguno de los cuales es accesible fuera de un entorno de investigación o clínico. Los productos o dispositivos que afirman medir o mostrar los niveles de autofagia deben tratarse con escepticismo hasta que se validen en estudios revisados por pares.

¿Comer cualquier cosa interrumpe la autofagia?

Cualquier ingesta de alimentos, en particular proteínas y carbohidratos, estimula la liberación de insulina y activa la mTOR, que suprime la señalización de la autofagia. La pregunta práctica es si pequeñas cantidades de ciertos nutrientes (como el café negro, el té sin azúcar o los suplementos con un mínimo de calorías) alteran de manera significativa la señal de ayuno. Las pruebas son insuficientes para sacar conclusiones firmes en los seres humanos. Con el fin de apoyar una ventana de ayuno, el enfoque científico conservador consiste en definir el período de ayuno como el consumo nulo de calorías.

¿Es siempre mejor un ayuno más prolongado para la autofagia?

No necesariamente. La autofagia funciona como un mecanismo de control de calidad, no como una respuesta lineal en la que más ayuno siempre equivale a más beneficios. El ayuno prolongado más allá de 24 a 72 horas introduce factores de estrés fisiológico, como el catabolismo de las proteínas musculares, los desequilibrios electrolíticos y los cambios hormonales, que conllevan sus propios riesgos. El objetivo para la mayoría de los adultos sanos no es la estimulación máxima de la autofagia, sino una activación adecuada y sostenible como parte de un enfoque equilibrado de la salud celular. Los periodos de ayuno más cortos y regulares parecen suficientes para mantener la señalización autofágica sin los riesgos del ayuno prolongado.

¿El ejercicio activa la autofagia?

Sí, los estudios en humanos que utilizan biopsias musculares confirman que el ejercicio activa los marcadores de autofagia en el músculo esquelético. Los protocolos de ejercicio de intensidad moderada y alta elevan los marcadores LC3 y Beclin-1 en el período de recuperación después de una sesión.4 Según las pruebas disponibles, realizar ejercicio en ayunas parece ser más propicio para la señalización de la autofagia que el ejercicio realizado después de una comida reciente.7

¿Qué es la dieta que imita el ayuno y cómo se relaciona con la autofagia?

La dieta que imita el ayuno (FMD) es un protocolo dietético de cinco días, bajo en calorías y proteínas, desarrollado por el profesor Valter Longo. Está diseñada para producir condiciones metabólicas similares al ayuno, incluyendo la reducción de IGF-1 e insulina, al tiempo que proporciona nutrientes esenciales. Un ensayo clínico aleatorio piloto en humanos realizado en 2025 midió directamente el flujo autofágico en los participantes que seguían la dieta ProLon FMD y encontró aumentos significativos en comparación con una dieta de control.5 Se necesitan ensayos más amplios para confirmar estos hallazgos.

¿Se puede activar la autofagia sin ayunar en absoluto?

Sí. El ejercicio activa los marcadores de autofagia en el músculo esquelético independientemente del ayuno, como se ha demostrado en múltiples estudios en humanos.4 Ciertos compuestos dietéticos, como la espermidina y el resveratrol, están siendo investigados por sus posibles efectos relacionados con la autofagia, aunque los datos de intervención en humanos son limitados. La restricción calórica, incluso sin ayuno completo, también influye en la señalización relacionada con la autofagia. El ayuno es una forma de favorecer la autofagia, pero no la única.

¿Es la autofagia una cura para el envejecimiento?

No. La autofagia es uno de los muchos procesos biológicos asociados con el control de calidad celular y el envejecimiento. Si bien la macroautofagia discapacitada se reconoce como un sello distintivo del envejecimiento en los marcos de investigación, y la restauración de la autofagia en modelos animales ha prolongado la vida útil en varios estudios, no hay pruebas en humanos que respalden la conclusión de que la manipulación de la autofagia mediante el ayuno o los suplementos cure o revierta el envejecimiento. La ciencia es interesante y biológicamente plausible como factor que contribuye a un envejecimiento saludable, pero las afirmaciones categóricas sobre el antienvejecimiento van más allá de lo que respaldan las pruebas actuales.

¿Cuánto tiempo debo ayunar para activar la autofagia?

La mayoría de los estudios en humanos que miden los biomarcadores de la autofagia han utilizado períodos de ayuno de 24 a 36 horas. El umbral de 14 a 16 horas que se cita habitualmente es una estimación razonable basada en datos de señalización metabólica (supresión de mTOR que se produce cuando la insulina y la glucosa disminuyen), pero no se ha confirmado como un cambio preciso en ensayos controlados en humanos. Las ventanas de ayuno diario de 14 a 16 horas, mantenidas de forma constante, parecen influir en la señalización relacionada con la autofagia, según las investigaciones sobre el ayuno del Ramadán.3

¿Qué es la autofagia en términos sencillos?

La autofagia es el proceso celular mediante el cual las células descomponen y reciclan sus propios componentes dañados o desgastados, incluidas las proteínas y los orgánulos disfuncionales. Piensa en ello como un sistema interno de control de calidad y eliminación de residuos. Funciona continuamente a un nivel bajo y se intensifica cuando las células se encuentran bajo estrés nutricional, como durante el ayuno o el ejercicio intenso.

¿Beber café rompe el ayuno para la autofagia?

El café negro sin azúcar contiene un mínimo de calorías y no estimula de forma significativa la secreción de insulina en la mayoría de las personas. Algunos investigadores sugieren que los polifenoles del café pueden incluso tener efectos menores que favorecen la autofagia. Sin embargo, ningún estudio riguroso en humanos ha medido específicamente si el café negro durante el ayuno altera de forma significativa los biomarcadores de la autofagia en comparación con el ayuno solo con agua. No existe un consenso científico al respecto; el enfoque conservador es considerar que cualquier ingesta de calorías interrumpe el periodo de ayuno.

¿El protocolo de ayuno intermitente 16:8 desencadena la autofagia?

El protocolo 16:8, que consiste en ayunar durante 16 horas y comer en un intervalo de 8 horas al día, es coherente con el plazo estimado en el que comienza a cambiar la señalización relacionada con la autofagia. Los intervalos de ayuno diarios sostenidos de 16 horas se encuentran dentro del rango estudiado en la investigación sobre el Ramadán, que mostró una regulación al alza de Beclin-1, un iniciador clave de la autofagia, en las células sanguíneas humanas durante un periodo de 30 días.3 No se ha establecido mediante datos humanos si esto representa la duración mínima efectiva o si unos periodos más largos producen efectos proporcionalmente mayores.

¿Qué ocurre con la autofagia durante el ejercicio?

El ejercicio activa los marcadores relacionados con la autofagia en el músculo esquelético humano, como lo demuestra el aumento de las proteínas LC3 y Beclin-1 en el período posterior al ejercicio.4 El mecanismo implica la activación de la AMPK y la supresión transitoria de la mTOR durante la demanda de energía. Las intensidades de ejercicio más altas parecen producir respuestas de autofagia más fuertes, y el ejercicio en ayunas puede ser particularmente permisivo para la señalización de la autofagia. También se ha demostrado que ocho semanas de entrenamiento regular aumentan los marcadores de la capacidad de autofagia basal, lo que sugiere beneficios adaptativos a largo plazo.

Referencias

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