Un programa de ejercicios orientado a la longevidad integra tres componentes respaldados por pruebas: cardio en la zona 2 para la salud mitocondrial y cardiovascular (de 3 a 5 horas por semana), entrenamiento de resistencia para preservar la masa muscular y la fuerza (de 2 a 3 sesiones por semana) e intervalos de alta intensidad para el desarrollo del VO2 máx. (de 1 a 2 sesiones por semana). Las investigaciones en humanos respaldan cada componente de forma independiente; los programas combinados son el enfoque más estudiado y recomendado para una salud duradera.
Puntos clave
- El entrenamiento de resistencia se asocia con un riesgo entre un 15 % y un 21 % menor de mortalidad por todas las causas en estudios de cohortes humanas y metaanálisis.1,2
- Las actividades de fortalecimiento muscular se asocian de forma independiente con un riesgo entre un 10 y un 17 % menor de mortalidad por todas las causas, enfermedades cardiovasculares y mortalidad total por cáncer en investigaciones prospectivas de cohortes.3
- La fuerza de prensión es un indicador validado de la calidad muscular general y está relacionada de forma independiente con el riesgo de mortalidad por todas las causas en un estudio de cohorte de 17 países con más de 139 000 adultos.4
- La capacidad cardiorrespiratoria, medida por el VO2 máx., es uno de los predictores independientes más sólidos de la mortalidad por todas las causas y cardiovascular identificados en los metaanálisis en humanos.5
- El entrenamiento con ejercicios aeróbicos aumenta el contenido mitocondrial del músculo esquelético en aproximadamente un 23 %, lo que favorece la flexibilidad metabólica y la capacidad de producción de energía, según estudios en humanos.6
- La combinación de actividad aeróbica y de fortalecimiento muscular se asocia con una mayor reducción del riesgo de mortalidad que cualquiera de las dos modalidades por separado, según los datos de una cohorte nacional de más de 416 000 adultos.8
- El magnesio contribuye al funcionamiento normal de los músculos y la creatina aumenta el rendimiento físico en series sucesivas de ejercicios de alta intensidad y corta duración (3 g al día). Ambos pueden considerarse parte de un enfoque más amplio de apoyo al ejercicio cuando sea relevante en el contexto.
Capítulo 1: Los tres pilares de la longevidad Ejercicio
La ciencia del ejercicio ha avanzado considerablemente desde la idea de que cualquier forma de actividad física es suficiente para la salud a largo plazo. El consenso emergente de la investigación longitudinal en humanos es que una salud duradera requiere tres capacidades físicas complementarias: resistencia aeróbica, capacidad cardiovascular máxima y fuerza muscular. Cada una de ellas se dirige a sistemas fisiológicos distintos y cada una está asociada de forma independiente a resultados relevantes para la longevidad en estudios a gran escala en humanos.
El entrenamiento de la zona 2 se refiere al ejercicio aeróbico sostenido que se realiza por debajo del primer umbral de lactato, normalmente entre el 60 y el 75 % de la frecuencia cardíaca máxima. A esta intensidad, la energía se suministra principalmente a través del metabolismo oxidativo, lo que supone una demanda sostenida de la función mitocondrial. Con el tiempo, este estímulo impulsa la biogénesis mitocondrial, mejora la eficiencia de la oxidación de las grasas y favorece las adaptaciones cardiovasculares que los investigadores han asociado con la reducción del riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares.
El entrenamiento de resistencia aborda lo que muchos investigadores consideran uno de los procesos relacionados con la edad más importantes desde el punto de vista clínico: la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular esquelética, conocida como sarcopenia. A partir de los cuarenta años aproximadamente, el cuerpo humano pierde músculo a un ritmo del 3 al 8 % por década sin un estímulo compensatorio. Las consecuencias clínicas de la sarcopenia incluyen una reducción de la independencia funcional, un aumento del riesgo de caídas y, según los datos prospectivos de cohortes humanas, una elevada mortalidad por todas las causas.7 El entrenamiento de resistencia es la intervención más estudiada para preservar la masa y la fuerza muscular en los adultos mayores.
El trabajo aeróbico de alta intensidad, ya sea en forma de entrenamiento por intervalos estructurado u otras modalidades vigorosas, representa el estímulo principal para mejorar el VO2 máx.: la tasa máxima a la que el cuerpo puede transportar y utilizar oxígeno durante el ejercicio. El VO2 máx. disminuye con la edad y es uno de los predictores independientes más fuertes conocidos de la longevidad en la investigación de cohortes humanas.5 Mantener un VO2 máx. más alto proporciona un amortiguador significativo contra el deterioro cardiovascular y funcional relacionado con la edad.
Estos tres componentes no son intercambiables. El trabajo de la zona 2 desarrolla la base aeróbica; el entrenamiento de resistencia preserva la integridad muscular y estructural; los intervalos de alta intensidad elevan el techo cardiovascular. Cada uno funciona a través de mecanismos distintos, y la evidencia humana sugiere que la combinación de los tres en un programa semanal produce beneficios adicionales que ni el trabajo aeróbico ni el de fuerza logran por sí solos.8
Capítulo 2: Entrenamiento de resistencia para la longevidad: evidencia y protocolo
Lo que muestran las investigaciones en seres humanos
La relación entre el entrenamiento de resistencia y la mortalidad se ha examinado en múltiples estudios prospectivos de cohortes y metaanálisis. Una revisión sistemática y un metaanálisis de 2022 publicados en la revista American Journal of Preventive Medicine analizaron 10 estudios y concluyeron que cualquier tipo de entrenamiento de resistencia, en comparación con la ausencia de entrenamiento, se asociaba con un riesgo un 15 % menor de mortalidad por todas las causas, un riesgo un 19 % menor de mortalidad cardiovascular y un riesgo un 14 % menor de mortalidad específica por cáncer.1 Una revisión sistemática y un metaanálisis independientes publicados en la revista European Journal of Preventive Cardiology analizaron 11 estudios que abarcaban a más de 370 000 participantes y revelaron un riesgo de mortalidad por todas las causas un 21 % menor asociado al entrenamiento de resistencia.2
Un metaanálisis de 2022 publicado en el British Journal of Sports Medicine descubrió además que las actividades de fortalecimiento muscular se asociaban de forma independiente con un riesgo entre un 10 % y un 17 % menor de mortalidad por todas las causas, enfermedades cardiovasculares, cáncer en general, diabetes y cáncer de pulmón en 16 estudios prospectivos de cohortes.3 En particular, este análisis encontró una curva dosis-respuesta en forma de J, con la mayor reducción del riesgo aproximadamente entre 30 y 60 minutos de actividad de fortalecimiento muscular por semana, lo que sugiere que incluso volúmenes modestos de entrenamiento de resistencia están asociados con diferencias significativas en los resultados.
Se trata de asociaciones observacionales procedentes de estudios de cohortes y metaanálisis, no de afirmaciones causales. Es posible que existan factores de confusión residuales, y los investigadores advierten que los estudios variaban en cuanto a la definición y la medición del entrenamiento de resistencia. No obstante, la coherencia de la dirección y la magnitud del efecto en múltiples conjuntos de datos independientes de gran tamaño proporciona una base sólida para incluir el entrenamiento de resistencia en un programa de ejercicio orientado a la longevidad.
Mecanismos clave
El entrenamiento de resistencia preserva o aumenta la masa muscular esquelética, que desempeña un papel fundamental en el metabolismo de la glucosa, la sensibilidad a la insulina, la tasa metabólica en reposo y la independencia funcional. También contribuye a la densidad mineral ósea, la integridad de los tendones y la estabilidad de las articulaciones. Los beneficios cardiometabólicos parecen ser, al menos en parte, independientes de los cambios en la composición corporal, lo que sugiere que el estímulo de la carga muscular regular en sí mismo, más que los cambios en la masa muscular por sí solos, contribuye a las asociaciones observadas.
Protocolo basado en la evidencia
Las investigaciones actuales en seres humanos respaldan una dosis mínima eficaz de dos sesiones de entrenamiento de resistencia por semana para la mortalidad y los resultados relacionados con la salud. La sobrecarga progresiva, es decir, el aumento gradual del estímulo del entrenamiento a lo largo del tiempo, es el principio fundamental que sustenta la adaptación a largo plazo. Para una longevidad funcional, la selección de ejercicios debe dar prioridad a los movimientos compuestos que involucran múltiples articulaciones y reflejan los patrones de movimiento del mundo real: sentadillas, flexiones, empujes, tirones y transportes con carga.
Un marco inicial práctico para adultos que se inician en el entrenamiento de resistencia estructurado consiste en dos sesiones de cuerpo completo por semana, cada una de 30 a 45 minutos de duración y que abarcan de cuatro a seis ejercicios compuestos realizados en un rango de 8 a 12 repeticiones. A medida que se desarrolla la capacidad, el volumen puede aumentarse a tres sesiones por semana, con ejercicios organizados en torno a patrones de movimiento en lugar de grupos musculares aislados.
Capítulo 3: Zona 2 e intervalos de alta intensidad: construir la base aeróbica
Entrenamiento de zona 2 y salud mitocondrial
El entrenamiento de la zona 2, definido como ejercicio aeróbico sostenido a una intensidad inferior al primer umbral de lactato, es la zona de entrenamiento principal para mejorar la densidad mitocondrial y la capacidad de oxidación de grasas. Una revisión sistemática y una metarregresión publicadas en 2024 analizaron a 5973 participantes en 353 artículos de investigación y descubrieron que el entrenamiento de resistencia continuo de este tipo aumentaba el contenido mitocondrial del músculo esquelético en aproximadamente un 23 %.6 Esta adaptación favorece la capacidad de la célula para producir energía aeróbica, reduce la dependencia de las vías glucolíticas a intensidades moderadas y está relacionada con una mayor sensibilidad a la insulina y flexibilidad metabólica.
En términos prácticos, la Zona 2 corresponde a un esfuerzo en el que es posible mantener una conversación, pero con cierta dificultad, normalmente entre el 60 y el 75 % de la frecuencia cardíaca máxima. Cualquier modalidad es válida para alcanzar esta intensidad: caminar, montar en bicicleta, remar, nadar o entrenar en la elíptica. La variable principal es el tiempo. Las investigaciones actuales en seres humanos y las directrices sobre ejercicio físico suelen recomendar entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica moderada a la semana, y los profesionales centrados en la longevidad suelen fijar como objetivo específico entre 180 y 300 minutos de Zona 2.
El papel de los intervalos de alta intensidad
Mientras que el entrenamiento de la zona 2 desarrolla la base aeróbica, el VO2 máx., definido como la tasa máxima a la que el cuerpo puede suministrar y utilizar oxígeno durante un esfuerzo máximo, requiere un estímulo de mayor intensidad para mejorar. El entrenamiento por intervalos de alta intensidad (HIIT) y el trabajo por intervalos estructurado por encima del segundo umbral de lactato son las intervenciones más eficaces para aumentar el VO2 máx. en los estudios de entrenamiento humano.
La misma metarregresión de 2024 reveló que el entrenamiento por intervalos de alta intensidad aumentaba el contenido mitocondrial en aproximadamente un 27 %, ligeramente más que el entrenamiento de resistencia a intensidades más bajas, aunque la diferencia no era estadísticamente significativa entre ambas modalidades.6 La interpretación es que ambos tipos de entrenamiento aeróbico impulsan una adaptación mitocondrial significativa; la intensidad es una de las varias palancas, entre las que se incluyen el volumen, la frecuencia y el nivel de forma física inicial.
Un modelo bien establecido para combinar el trabajo de zona 2 y el de alta intensidad es el enfoque de entrenamiento polarizado, a veces descrito como una distribución 80/20. En este modelo, aproximadamente el 80 % del tiempo total de entrenamiento aeróbico se realiza a baja intensidad (zona 2) y el 20 % a alta intensidad. La razón es que el entrenamiento de intensidad moderada, aunque a menudo resulta intuitivamente atractivo, supone un estrés fisiológico sin el beneficio regenerativo completo del trabajo de baja intensidad ni el estímulo cardiovascular máximo de los esfuerzos de alta intensidad. El entrenamiento polarizado se originó en la investigación sobre deportes de resistencia, pero se ha estudiado en poblaciones recreativas y clínicas como un marco práctico de gestión del volumen.
Evitar el sobreentrenamiento
Un error común es dedicar la mayor parte del tiempo aeróbico a intensidades moderadas, ni realmente fáciles ni realmente difíciles. Este enfoque genera fatiga sin el mismo estímulo adaptativo que el trabajo de zona 2 o de alta intensidad. El control de la recuperación a través de la frecuencia cardíaca en reposo, la variabilidad de la frecuencia cardíaca, la calidad del sueño y la preparación subjetiva proporciona señales prácticas para ajustar la carga de entrenamiento. Por lo general, una o dos sesiones de HIIT a la semana son suficientes para la mayoría de los adultos, y el tiempo aeróbico restante se dedica al trabajo de zona 2.
Capítulo 4: La fuerza de agarre y por qué predice la mortalidad
La fuerza de agarre como biomarcador
La fuerza de prensión ha recibido una atención creciente en la investigación sobre la longevidad, no porque la fuerza de las manos en sí misma cause o prevenga directamente enfermedades, sino porque funciona como un indicador fiable de la calidad general de los músculos esqueléticos y la integridad neuromuscular. Un estudio prospectivo de cohortes del proyecto PURE (Prospective Urban Rural Epidemiology), publicado en The Lancet en 2015, en el que participaron 139 691 adultos de 17 países, descubrió que una menor fuerza de prensión se asociaba de forma sistemática con un mayor riesgo de mortalidad por todas las causas, mortalidad cardiovascular y eventos cardiovasculares no mortales en todos los grupos de ingresos y regiones geográficas.4
Los investigadores de PURE descubrieron que cada disminución de 5 kg en la fuerza de prensión se asociaba con un riesgo un 17 % mayor de mortalidad cardiovascular y un 16 % mayor de mortalidad por todas las causas en modelos totalmente ajustados. Es fundamental señalar que el valor pronóstico de la fuerza de prensión era comparable o superior al de la presión arterial sistólica en este conjunto de datos, lo que llevó a los autores a sugerir que la medición de la fuerza de prensión puede ser una herramienta de estratificación del riesgo sencilla y económica.
Qué representa la fuerza de agarre
La fuerza de prensión refleja mejor la forma física muscular de todo el cuerpo que las mediciones aisladas de las extremidades, ya que se correlaciona fuertemente con la masa magra de todo el cuerpo. La baja fuerza de prensión es un componente criterio en las definiciones clínicas de la sarcopenia. Refleja el efecto acumulado de los hábitos de actividad física, la nutrición, la función neuromuscular y la salud sistémica a lo largo del tiempo. Por eso tiene valor predictivo: captura un fenotipo amplio de la salud musculoesquelética en lugar de una medida anatómica limitada.
Rangos de referencia y pruebas
La fuerza de prensión se mide con un dinamómetro de mano. La evaluación dura menos de cinco minutos y no requiere ningún equipo especializado más allá del dinamómetro. Los valores de referencia varían según la edad y el sexo. Como orientación general, los valores inferiores a aproximadamente 30 kg para los hombres y 20 kg para las mujeres (mano dominante) se utilizan comúnmente como umbrales de baja fuerza de prensión en la población adulta europea, aunque los límites exactos varían según el estudio y la población de referencia. El uso práctico clave es realizar un seguimiento de los cambios a lo largo del tiempo en relación con las trayectorias esperadas para la edad e identificar si el entrenamiento actual está produciendo mejoras medibles en la fuerza de la mano y el antebrazo.
Entrenamiento de la fuerza de agarre
La fuerza de agarre responde bien al entrenamiento de resistencia compuesto que incluye movimientos de carga, peso muerto, remo y tracción. El entrenamiento específico de agarre con herramientas como pinzas de mano, barras gruesas o cargas de granjero puede complementar el trabajo compuesto. Las mejoras en la fuerza de agarre suelen ser una señal fiable de que el estímulo del entrenamiento neuromuscular general es adecuado.
Capítulo 5: El VO2 máx. como indicador de longevidad
La capacidad cardiorrespiratoria, cuantificada como VO2 máx., representa la capacidad integrada de los sistemas cardiovascular, respiratorio y muscular para suministrar y utilizar oxígeno durante el esfuerzo máximo. Se expresa en mililitros de oxígeno por kilogramo de masa corporal por minuto (ml/kg/min). Un VO2 máx. más alto significa que el cuerpo puede soportar una mayor carga de trabajo aeróbico antes de alcanzar sus límites, lo que se traduce en una mayor reserva fisiológica en todas las actividades de la vida diaria.
Un metaanálisis histórico de 33 estudios en los que participaron más de 100 000 hombres y mujeres sanos, publicado en JAMA en 2009, estableció la aptitud cardiorrespiratoria como un predictor cuantitativo de la mortalidad por todas las causas. El análisis reveló que una aptitud física baja, en comparación con una aptitud física alta, se asociaba con un aumento del riesgo relativo de aproximadamente un 70 % para la mortalidad por todas las causas y de un 56 % para los eventos cardiovasculares.5 En los análisis de dosis-respuesta, cada incremento de un MET en la aptitud cardiorrespiratoria se asoció con un riesgo entre un 13 % y un 15 % menor de mortalidad por todas las causas, lo que representa una de las relaciones dosis-respuesta más fuertes observadas para cualquier factor de estilo de vida modificable en la investigación humana.
El VO2 máx. disminuye de forma natural con la edad a un ritmo de aproximadamente un 1 % al año a partir de los treinta y cinco años en personas sedentarias. El entrenamiento aeróbico regular ralentiza considerablemente esta disminución, y las mejoras en el VO2 máx. siguen siendo posibles a cualquier edad en respuesta a un estímulo de entrenamiento adecuado. Incluso los aumentos modestos de la capacidad aeróbica en personas anteriormente sedentarias se asocian con cambios significativos en la categoría de riesgo de mortalidad en los datos longitudinales.
El VO2 máx. se puede estimar de forma no invasiva mediante pruebas de campo establecidas, como la prueba de Cooper de 12 minutos o las pruebas de esfuerzo submáximas, o se puede medir directamente mediante pruebas de esfuerzo cardiopulmonar (CPET) en entornos clínicos. Para un seguimiento práctico, las mejoras en el rendimiento en las pruebas contrarreloj, la reducción de la frecuencia cardíaca con una carga de trabajo determinada o la mejora de las puntuaciones en las pruebas de campo estandarizadas sirven como indicadores indirectos pero útiles.
Capítulo 6: Plantillas de programas semanales: principiantes y avanzados
Las siguientes plantillas están diseñadas como marcos de partida, no como prescripciones rígidas. La adaptación individual depende de la forma física inicial, el tiempo disponible, la capacidad de recuperación y los hábitos de actividad existentes. Ambas plantillas respetan la estructura de tres pilares: entrenamiento de resistencia, trabajo aeróbico en la zona 2 e intervalos aeróbicos de alta intensidad.
Plantilla para principiantes (3 días activos a la semana)
Día 1 (lunes): Entrenamiento de resistencia de todo el cuerpo
Duración: de 35 a 45 minutos. De cuatro a cinco ejercicios compuestos: variaciones de sentadillas, flexiones de cadera, empujes horizontales, tirones horizontales, un ejercicio de transporte o un ejercicio para el tronco. Series de 8 a 12 repeticiones. Descanso de 90 a 120 segundos entre series.
Día 2 (miércoles): Sesión aeróbica de zona 2
Duración: de 30 a 45 minutos. Caminar, montar en bicicleta o cualquier otra modalidad de bajo impacto que se prefiera. Mantener una intensidad que permita mantener una conversación, pero que requiera un ligero esfuerzo. Frecuencia cardíaca objetivo: del 60 al 70 % del máximo (el máximo se calcula restando la edad a 220).
Día 3 (viernes o sábado): Entrenamiento de resistencia de todo el cuerpo + intervalos cortos de alta intensidad.
Duración: 40 a 50 minutos en total. Repita la estructura de la sesión de resistencia del día 1 con una selección variada de ejercicios. Continúe con un breve bloque de HIIT: 3 a 4 intervalos de 60 segundos a alto rendimiento, con 90 a 120 segundos de recuperación suave entre intervalos.
Los días restantes implican movimiento ligero: caminar, ejercicios de movilidad o estiramientos suaves. La plantilla para principiantes ofrece aproximadamente entre 80 y 90 minutos de volumen aeróbico equivalente a la Zona 2, dos sesiones de resistencia y un estímulo HIIT por semana.
Plantilla avanzada (5 días activos a la semana)
Día 1 (lunes): Entrenamiento de resistencia, énfasis en la parte inferior del cuerpo.
Duración: de 45 a 60 minutos. Patrón de sentadilla, bisagra de cadera, trabajo unilateral de la parte inferior del cuerpo, transporte con carga. Series de 6 a 10 repeticiones para los levantamientos principales.
Día 2 (martes): Zona 2 aeróbica
Duración: de 45 a 60 minutos. Ciclismo, remo o la modalidad preferida al 60-75 % de la frecuencia cardíaca máxima.
Día 3 (miércoles): Entrenamiento de resistencia, énfasis en la parte superior del cuerpo y los tirones.
Duración: de 45 a 60 minutos. Tracción vertical y horizontal, presión, estabilidad de hombros, trabajo de agarre.
Día 4 (jueves): Zona 2 aeróbica
Duración: de 45 a 60 minutos. Misma estructura que el día 2, con una modalidad potencialmente diferente para variar.
Día 5 (viernes o sábado): Intervalos de alta intensidad
Duración: de 30 a 40 minutos en total, incluyendo el calentamiento y el enfriamiento. Estructura del intervalo: de 4 a 6 esfuerzos de 3 a 4 minutos a una intensidad muy alta (aproximadamente del 85 al 95 % de la frecuencia cardíaca máxima), con intervalos de descanso iguales o ligeramente más largos. Alternativamente, de 8 a 10 esfuerzos más cortos de 30 a 60 segundos con recuperación completa.
Los días restantes se reservan para la recuperación, el trabajo de movilidad o el movimiento incidental. La plantilla avanzada ofrece aproximadamente entre 150 y 180 minutos de trabajo en la zona 2, dos sesiones de resistencia y una sesión aeróbica de alta intensidad por semana.
Principios de progresión
La progresión en el entrenamiento de resistencia se logra aumentando gradualmente la carga, el volumen (series multiplicadas por repeticiones) o la densidad del entrenamiento a lo largo de semanas y meses. La progresión en el trabajo aeróbico se logra extendiendo gradualmente la duración de la sesión en la Zona 2 antes de aumentar la frecuencia de las sesiones de HIIT. La fuerza de agarre, las tendencias de la frecuencia cardíaca en reposo y la calidad subjetiva de la recuperación son herramientas de monitorización prácticas y útiles en ambos ámbitos.
Sección de preguntas y respuestas
¿Cuántos días a la semana debo hacer ejercicio para vivir más tiempo?
Los datos de cohortes humanas asocian de forma sistemática entre 3 y 5 días de actividad física a la semana con una reducción significativa del riesgo de mortalidad en comparación con el comportamiento sedentario. Un principiante puede lograr el estímulo básico con 3 sesiones que incluyan entrenamiento de resistencia, trabajo aeróbico en la zona 2 y una sesión de intervalos. Un entrenamiento más frecuente puede ser beneficioso, pero los beneficios marginales de las sesiones adicionales disminuyen y se requiere un tiempo de recuperación adecuado para que se produzca la adaptación.
¿Es más importante el entrenamiento de resistencia o el ejercicio aeróbico para la longevidad?
Ambas modalidades se asocian de forma independiente con una menor mortalidad por todas las causas en la investigación en humanos, y las pruebas sugieren que su combinación produce una mayor reducción del riesgo que cualquiera de ellas por separado.8 La aptitud aeróbica y la fuerza muscular parecen abordar sistemas fisiológicos complementarios: la capacidad cardiovascular y metabólica por un lado, y la integridad musculoesquelética y la reserva funcional por otro. Es sensato dar prioridad a uno sobre el otro en función de los niveles de aptitud física existentes, pero el objetivo a largo plazo es alcanzar una capacidad adecuada en ambos ámbitos.
¿Qué es el entrenamiento de la Zona 2 y cómo sé que estoy en la zona correcta?
La zona 2 se refiere al ejercicio aeróbico continuo realizado por debajo del primer umbral de lactato, donde la energía se suministra predominantemente a través de la oxidación de grasas mediante el metabolismo oxidativo. En la práctica, corresponde a un esfuerzo en el que se puede mantener una conversación, pero se siente una leve dificultad para respirar, normalmente entre el 60 y el 75 % de la frecuencia cardíaca máxima. Una prueba sencilla es la prueba del habla: si puede hablar con frases completas, pero no desea mantener una conversación larga, es probable que se encuentre en la zona 2. La orientación del monitor de frecuencia cardíaca (con un objetivo del 60 al 75 % de la frecuencia cardíaca máxima estimada) proporciona un punto de referencia más consistente entre sesiones.
¿Por qué la fuerza de agarre es un biomarcador de longevidad?
La fuerza de prensión está estrechamente relacionada con la masa muscular magra total, la función neuromuscular y el estado de salud sistémico. Una investigación a gran escala con cohortes humanas ha descubierto que una menor fuerza de prensión se asocia sistemáticamente con un mayor riesgo de mortalidad por todas las causas y cardiovascular, independientemente de otros factores de riesgo conocidos.4 Funciona como un sustituto sencillo y de bajo coste del fenotipo musculoesquelético más amplio que el entrenamiento de resistencia está diseñado para preservar.
¿Qué es el VO2 máx. y por qué es importante para el envejecimiento?
El VO2 máx. es la tasa máxima a la que el cuerpo puede transportar y utilizar oxígeno durante el esfuerzo aeróbico máximo, expresada en ml/kg/min. Es uno de los predictores independientes más fuertes de mortalidad por todas las causas identificados en la investigación de cohortes humanas.5 Dado que el VO2 máx. disminuye con la edad, mantener un valor más alto proporciona una mayor reserva fisiológica, lo que significa que las actividades de la vida diaria representan una proporción menor de la capacidad máxima, lo que deja más margen funcional y reduce el riesgo de alcanzar los límites fisiológicos durante el esfuerzo ordinario.
¿Cuánto entrenamiento de intervalos de alta intensidad debo hacer?
Para la mayoría de los adultos sanos, una o dos sesiones de HIIT a la semana son suficientes para mejorar el VO2 máx. cuando se realizan en el contexto de una base de entrenamiento aeróbico adecuada. Más no es necesariamente mejor: el HIIT exige una recuperación significativa, y superar las dos sesiones semanales sin una capacidad de recuperación proporcional conlleva el riesgo de acumular fatiga, lo que puede reducir la calidad del entrenamiento. La mayor parte del volumen de entrenamiento aeróbico debe mantenerse en la intensidad de la zona 2, siguiendo el modelo de entrenamiento polarizado.
¿Cómo afecta el entrenamiento de resistencia a la pérdida de masa muscular con la edad?
La sarcopenia, la disminución progresiva de la masa y la fuerza muscular esquelética relacionada con la edad, se asocia con un mayor riesgo de mortalidad por todas las causas en investigaciones prospectivas de cohortes.7 El entrenamiento de resistencia es la intervención más estudiada para atenuar la sarcopenia. Se ha demostrado en ensayos aleatorios con seres humanos que el entrenamiento de fuerza basado en la sobrecarga progresiva aumenta la masa muscular y la fuerza en adultos mayores de una amplia gama de edades, incluidos los que tienen entre 70 y 80 años.
¿Los principiantes deben empezar con entrenamiento de resistencia o trabajo aeróbico?
Para la mayoría de los principiantes que anteriormente llevaban una vida sedentaria, un punto de partida práctico es comenzar con dos sesiones de resistencia por semana y dos o tres sesiones aeróbicas de zona 2 por semana con duraciones manejables, e introducir el HIIT estructurado solo después de 4 a 6 semanas de entrenamiento básico constante. Esta secuencia permite que el cuerpo se adapte a las exigencias mecánicas del ejercicio de resistencia antes de añadir un estrés aeróbico de mayor intensidad y reduce el riesgo de lesiones.
Sección de preguntas frecuentes
¿Qué es un programa de ejercicios para la longevidad?
Un programa de ejercicios para la longevidad es un enfoque estructurado del entrenamiento físico diseñado para preservar la capacidad funcional, reducir el riesgo de mortalidad por todas las causas y favorecer la salud. Según las investigaciones en seres humanos, el modelo más respaldado por las pruebas combina el entrenamiento de resistencia (para la salud muscular y ósea), el ejercicio aeróbico de zona 2 (para la salud mitocondrial y cardiovascular) y el entrenamiento por intervalos de alta intensidad (para mantener el VO2 máx.). Estos tres componentes abordan sistemas fisiológicos distintos pero complementarios.8
¿Cuántas horas de ejercicio a la semana se recomiendan para una vida longeva?
Las investigaciones con cohortes humanas respaldan una actividad aeróbica moderada de entre 150 y 300 minutos a la semana, combinada con al menos dos sesiones de actividad de fortalecimiento muscular. Para un programa de longevidad basado en tres pilares, un objetivo semanal práctico es de 90 a 150 minutos de trabajo en la zona 2, de 2 a 3 sesiones de entrenamiento de resistencia (aproximadamente de 90 a 120 minutos en total) y de 1 a 2 sesiones de alta intensidad (aproximadamente de 20 a 40 minutos en total), lo que suma un total de entre 200 y 300 minutos de ejercicio estructurado a la semana.3
¿Cuál es el mejor ejercicio para la longevidad?
No hay un tipo de ejercicio que sea definitivamente superior. Las pruebas más sólidas respaldan una combinación de ejercicio aeróbico y entrenamiento de resistencia. El entrenamiento de resistencia por sí solo se asocia con un riesgo de mortalidad por todas las causas entre un 15 y un 21 % menor, y la capacidad aeróbica es uno de los predictores independientes más poderosos de la longevidad.1,5 La combinación de ambas modalidades produce resultados asociados a una mayor reducción del riesgo que cualquiera de ellas por separado.
¿Qué es la frecuencia cardíaca de la zona 2 y cómo se calcula?
La zona 2 se define normalmente como el 60-75 % de la frecuencia cardíaca máxima. Una estimación común de la frecuencia cardíaca máxima es 220 menos la edad, aunque se trata de una media de la población con variaciones individuales significativas. Por ejemplo, una persona de 45 años tendría una frecuencia cardíaca máxima estimada de 175 latidos por minuto, lo que situaría la zona 2 entre 105 y 131 latidos por minuto aproximadamente. Los monitores de frecuencia cardíaca portátiles proporcionan un punto de referencia práctico en tiempo real durante el entrenamiento.
¿Pueden los adultos mayores beneficiarse del entrenamiento de resistencia?
Sí. Los ensayos controlados aleatorios en humanos han demostrado que el entrenamiento de resistencia produce ganancias significativas en la masa muscular y la fuerza en adultos de entre 60 y 80 años. Los mecanismos de adaptación muscular al ejercicio siguen siendo funcionales durante toda la vida. El entrenamiento progresivo basado en la sobrecarga, adaptado a la capacidad inicial de cada persona y a sus limitaciones físicas, se considera seguro y beneficioso para todos los adultos.
¿Cómo se relaciona la creatina con el rendimiento físico?
La creatina desempeña un papel en el sistema energético de la fosfocreatina, que suministra energía rápida durante esfuerzos cortos y de alta intensidad. La creatina aumenta el rendimiento físico en series sucesivas de ejercicios cortos y de alta intensidad con una dosis de 3 gramos al día, según la declaración de propiedades saludables aprobada por la EFSA. También es objeto de investigación en humanos en el contexto del entrenamiento de resistencia en adultos mayores, donde se estudia junto con protocolos estructurados de entrenamiento de fuerza.
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